La tarde era tranquila cuando Céline y Matthias llegaron a la Mansión Valtieri. El cielo estaba despejado, y la brisa suave acariciaba los árboles altos que custodiaban la entrada. Céline llevaba una blusa crema y jeans claros; Matthias, una camisa de lino con las mangas dobladas. Ambos venían con el corazón liviano después de pasar por la casa nueva y sentir que, finalmente, las piezas comenzaban a encajar.
Al entrar, notaron un vehículo estacionado frente al jardín. Céline lo miró con curio