Céline llevaba semanas en una rutina frenética. Entre las reuniones con el consejo del Grupo Valtieri, el crecimiento de CéVive y la inminente mudanza a su nuevo hogar, apenas le quedaba tiempo para respirar.
Aquel día, tras una serie de juntas extensas, se encerró en su oficina con la intención de comer algo. Su almuerzo había llegado hacía más de dos horas, pero recién ahora encontraba el primer respiro del día. Se sentó frente al escritorio con el contenedor abierto a medias, picando lo que