Todavía estaban sobre la alfombra, desnudos, cubiertos apenas por la luz tenue del ocaso que entraba por la terraza. El cielo comenzaba a teñirse de azul profundo, y el aire en la habitación era cálido, con ese silencio dulce que solo nace después de haberlo dicho todo con el cuerpo.
Céline estaba recostada sobre el pecho de Matthias, dibujando círculos sobre su piel con la yema de los dedos. Hablaban de colores, de telas, de lámparas colgantes y sillones amplios. De cómo se vería la cocina. D