El auto avanzaba en silencio, pero no era un silencio tenso. Era uno lleno de expectativa. Céline apoyó la cabeza en el respaldo y miró a Matthias con una ceja arqueada.
—¿Me vas a decir a dónde vamos o tengo que adivinar?
Matthias sonrió sin responder. Solo le tomó la mano y se la besó.
—Es una sorpresa.
—Detesto las sorpresas —murmuró ella, aunque su voz ya tenía un dejo de sonrisa.
Él se rió con suavidad, luego aflojó el nudo de su corbata y se la quitó con lentitud. Céline frunció