Habían pasado algunos días desde la sentencia. Céline decidió que era momento de visitar a Madeleine con los niños. Era una tarde suave, con un cielo nublado pero cálido, y la casa donde Madeleine vivía estaba rodeada de glicinas florecidas.
La mujer los recibió con una sonrisa serena y un gesto de brazos abiertos. Céline le dio un abrazo, los niños se acercaron con respeto, y Matthias, que los acompañaba, mantuvo cierta distancia, observando el momento con la calma de quien sabía que no era