El primer sonido que Céline percibió fue el zumbido tenue del aire acondicionado. Luego, el crujido suave de una silla moviéndose. Y finalmente, una respiración. Profunda. Familiar.
Abrió los ojos con lentitud. Reconoció el diseño discreto del hotel, el aroma tenue a madera pulida. Estaba de vuelta en la habitación. Afuera, las persianas apenas dejaban filtrar la luz del amanecer.
A su lado, Matthias la observaba en silencio. Había pasado toda la noche sentado en una silla, sin moverse más