Desde una habitación discreta en algún rincón de Grecia, Alina observaba. El portátil abierto frente a ella mostraba las imágenes en tiempo real del muelle de Kalliste. A pesar de haber dejado atrás la isla, no había dejado de espiar. Lo había previsto todo. Instaló cámaras ocultas por seguridad, por paranoia... por control desde que había abierto la escuela.
Ni Kilian lo sabía.
Ahí estaba. Ella lo veía todo. El velero. Céline. Matthias. Los gritos. El golpe. La humillación. La entrega a la p