Céline, por su parte, también había notado la contención. Todo marchaba bien. Los niños reían, las conversaciones fluían, los silencios ya no dolían tanto. Kilian la abrazaba por detrás al pasar, le dejaba una taza de café cerca cuando madrugaba, le rozaba la mano en la mesa.
Pero la intimidad... no avanzaba.
Al principio pensó que era parte del proceso. Que tal vez él necesitaba tiempo. Pero con los días, comenzó a observar los detalles: cómo su cuerpo se tensaba cuando ella se acercaba demasi