El centro de detención preventiva de Belvaronne era gris y silencioso, con pasillos que olían a desinfectante y resignación. Céline caminaba a paso firme, con Madeleine a su lado. Había prometido acompañarla, pero no entraría. Ya no tenía nada más que decirle a Kilian. Su presencia allí no era por él. Era por la mujer que lo había dado todo y que ahora, como ella, necesitaba cerrar un ciclo.
Madeleine no habló en todo el trayecto. Pero en cuanto se abrió la puerta de la sala de visitas, su ros