El aire tenía el dulzor del sur de Grecia, una mezcla de sal, aceite de oliva y buganvillas florecidas. En el pequeño pueblo de Kardamyli, Alina Renn se sentía segura. Vivía en una villa discreta, cerca del mar, con vistas al Egeo. Iba a la playa en las mañanas, escribía en su diario por las tardes y disfrutaba del vino local al atardecer. Estaba convencida de que lo peor había pasado. Había vendido los videos a un contacto turbio, conseguido suficiente dinero para empezar de nuevo, y eliminado