Capítulo 10
Después de que Diego se fue, empecé a ajustar mis horarios de trabajo para no cruzármelo.

Poco a poco, la rutina parecía volver a la normalidad.

Ese día, antes de marcharse, había dejado el anillo de piedra lunar sobre la mesa, en silencio.

Recién hoy me di cuenta. Lo miré un instante, luego busqué una cuerda y lo convertí en un colgante.

Al final, se lo colgué al perro.

Más tarde, cuando desperté de la siesta, vi que tenía un mensaje en el celular.

Era de Paula: me citaba en una cafetería.

Al
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