Paula se quedó helada, se cubrió la cara adolorida por la bofetada y miró a Diego sin poder creerlo.
—¿Diego, me estás pegando por esa Omega?
Con todas las miradas del café encima, Diego parecía derrotado y cansado. Cerró los ojos un instante y, con voz grave, respondió:
—Paula, te he aguantado tanto tiempo porque te prometí que te cuidaría y repararía el daño que sufriste. Pero eso no significa que puedas seguir pisoteando mis límites, y mucho menos que lastimes a Fiona.
Después de decirlo, se