En ese momento, Diego se quedó completamente confundido.
Su rostro, siempre tan implacable, mostró por primera vez una expresión de frustración.
Pero ya no tenía paciencia para seguir con ese juego.
—Diego, ¿sabes? Cuando el vínculo de la Diosa de la Luna se rompe, ya no hay marcha atrás. No necesito tus disculpas ahora. El daño ya está hecho, y no importa lo que hagas, no lo vas a cambiar.
En ese instante, recordé aquel ramo de lirios que Diego le dio a Paula en su cumpleaños.
Llevaban años sep