Nina se quedó en silencio. Apoyó los codos en las rodillas. Miró el teclado sin tocarlo.
—¿Cuánto necesitas?
—No es tanto. O sea, sí, pero... no sé a quién más pedirle. Ya lo hablé con mi mamá, pero no puede. Y tú eres la única que...
—Alex...
—Te lo devuelvo. Te juro que te lo devuelvo. No quiero que pienses que estoy abusando. Pero es la boda. Es todo lo que soñamos. Y si no lo resuelvo esta semana, se cae todo.
Nina se levantó. Caminó hasta la ventana. Abrió un poco la cortina. Afuera,