—Porque es hombre —los dos reímos—.
No, de verdad… si él no estuviera llorando por agendar reuniones y no se hubiera acercado tanto, no hubiera pasado.
Ahora ni siquiera me explico cómo mi cabello se enredó tanto.
Y la tipa esa entra gritando como loca, justo en el peor momento.
Gracias a Dios entró su secretaria y la sacó.
No sé cómo lo hizo, la otra estaba furiosa.
Aunque si yo fuera ella, también lo estaría.
Al final, Francesca le quitó el enredo del pantalón.
—Perdóname, pero no quier