—¡A mí qué m****a me importa lo que explique, me mochó el pelo! —dije, cogiéndome el pedazo de cabello que reventé.
No era mucho, pero sí lo suficiente para doler.
Me había quedado justo encima de los hombros.
Él me miró asombrado —quizá por la grosería, o por mi total desinterés en la situación—.
Yo estaba furiosa.
«¿Cómo mierdas se había enredado tanto pelo en un botón de pantalón?»
—Como no quiere que reaccione así, vuelva a usar ese pantalón en mi presencia y se lo rompo, ushshsh.
Él no pu