Después de bailar por horas y cuando mis piernas no dieron más, volvimos a la zona VIP.
Ya se había ido más de la mitad de la gente y solo estábamos hablando de estupideces. Bueno, hablaban, porque todos hablaban en italiano borracho y yo entendía la mitad; la otra mitad se la preguntaba a Dante.
Él ya se veía más relajado. Todo el tiempo su brazo estuvo en mi cintura, acariciándola, y cada cierto tiempo besaba mi cuello o mi boca.
«Mira, sé que está mal y no debería mirar ni tratar de conectar