Fuimos los últimos en llegar a la discoteca y, sí, sé que está mal comparar, pero era el peor día para no llevar tacones. Todas llevaban tacones de más de 10 cm que las estilizaban. Además, no podía ver nada. Una me pisó antes de subir las escaleras.
La música latina estaba a todo volumen; el humo hacía difícil mirar para los lados. Y las luces a veces te apuntaban. Dante me tenía agarrada de la cintura y caminaba detrás de mí, por suerte; ya que había tropezado dos veces y chocado con algunos,