—No sé… tengo el nombre que usa en el foro. ¿Y la conversación? ¿La quieres?
—Después de que terminemos esta conversación, me la envías.
Y reza, Aurora… reza para que no sea tan grave la falta.
Me reí sin poder evitarlo.
Tratamos de tener otros tipos de conversaciones más sencillas.
Pero Dante no podía: cada cinco segundos se desesperaba y me preguntaba qué había hecho.
Era muy chistoso verlo perder la cordura, pero él seguía intentando.
—¿Sabes qué? Te paso ya el foro.
No podemos hablar de