Había una pantalla gigante y Dante apareció en ella, contestando inmediatamente.
Son como las 8 de la mañana en New York, y él se ve como si se hubiera acostado a dormir a las 8 de la noche y no hace 3 horas.
Como siempre, guapo, pero el tonto se ve súper feliz.
Como si no se acordara del problema en el que se metió.
—¿Qué pasa, Dante, no sabes comportarte? —dijo Salvatore muy, muy molesto—.
¿Crees que yo debería estar aquí cuando le hacen los exámenes a Amalia?
Mierda, olvidé la razón por la