—Ok, haré huevos pericos, ¿te parece?
—No sé qué es eso. —Pensé en cómo lo decía mi abuelo.
—Creo que tú le llamarías uova strapazzate con pomodori e cipolla —reí—. ¿Lo dije bien?
—Se supone que tienes prohibido hablar en italiano —sonrió—. Voy a tener que cobrarte una multa.
—Bobo, por eso es que se pega con las mesas. —Solté la carcajada y empecé a hacer el desayuno.
Él se quedó en silencio mientras se seguía masajeando la espinilla.
Dejé que el silencio siguiera, pero tenía que saber por qué