No lo toco.
Eso es lo primero. Todos mis instintos —los médicos, los personales y ese nuevo instinto que he ido desarrollando durante las últimas tres semanas y que está específicamente adaptado a esta situación— me dicen que no lo toque todavía.
Me quedo en el umbral con las llaves aún en la mano y recorro el apartamento con la mirada, tal y como he empezado a hacer en las habitaciones desde la noche en que Dominic me enseñó el registro de acceso a la clínica. De izquierda a derecha. Puntos de