CAPÍTULO 32: EL ATAQUE
Hazel
Kara se relame los labios enseñándome sus colmillos amenazantes, y aunque mi corazón late desbocado y cada fibra de mi ser me grita que corra, me obligo a mantener la compostura. No voy a darle la satisfacción de verme temblar.
Sé que no me matará, no puede hacerlo. Al menos no todavía, mientras lleve en mi vientre al hijo del Alfa.
—Estás completamente loca —espeto apretando los puños para no mostrar cuánto me estoy desmoronando—. Aunque Erik se haya casado contigo