CAPÍTULO 115: EL SUEÑO PERFECTO
Hazel
Las lágrimas resbalan por mis mejillas sin control mientras me aferro a él con todas mis fuerzas. Su calor, su aroma, la firmeza de su abrazo… todo es tan real que me duele. Por un instante, pensé que nunca volvería a verlo, pero ahora está aquí, sosteniéndome como si nunca fuera a soltarme.
—¿De verdad eres tú? —jadeo, incapaz de contener mis sollozos.
Sus manos enmarcan mi rostro con una ternura que me desarma.
—Soy yo, Hazel… al menos en el plano astral