Capítulo 23. Tierno Beso.
Ya me había levantado a la misma hora que Nora estipuló para mí: ocho de la mañana. Decía que debía dormir muy bien por el bebé, y su palabra era ley.
Conmigo estaba Violet, que me miraba de reojo. La poca amabilidad que me había mostrado el día anterior se esfumó por completo. Volvió a ser la estatua fría y hostil de siempre.
—Termina tu desayuno, Ruby, luego tendrás que sentarte fuera en el jardín para que te pegue el sol por unos minutos. Es vitamina D esencial para el bebé —dijo Violet, dep