Emma
Despierto con un dolor de cabeza tan intenso que siento como si cada latido fuera un martillazo en mis sienes.
Mis extremidades pesan como plomo y el cuerpo entero parece que me ruega por agua y descanso. Me regaño internamente, ¿Por qué demonios tuve que beber tanto? Y peor aún, no recuerdo cómo llegué a casa, ni siquiera sé si le avisé a Melissa.
Miro alrededor con ojos aún entornados, esperando ver las paredes conocidas del apartamento de mi amiga, pero… este no es el cuarto de Melissa