El crujido de las ramas afuera de la cabaña me despierta. El aire aún está frío y pesado, y la penumbra del lugar me recuerda que aquí no hay amaneceres cálidos ni luz que alivie las sombras del pasado.
Luna mi hermosa bebé de ojos grises como su padre, gorgojea desde su corral, sus pequeños pies pateando con energía mientras intenta alcanzar el osito que tiene al lado.
Me inclino sobre ella y le acaricio el cabello suave, dejando que su risa despeje por un momento el peso en mi pecho.
—Buenos d