DAMIAN
El reloj en la pared marca las nueve de la noche, pero no siento el paso del tiempo. La habitación está sumida en una penumbra cálida, iluminada solo por la pantalla de mi computadora y la lámpara de escritorio.
Mi despacho, lleno de mapas, papeles y una botella de whisky medio vacía, refleja el caos en mi mente. Han pasado dos semanas desde que encontré la primera pista sólida sobre Tomas, y aun así, estamos empezando de cero otra vez.
Recorro con los ojos la información en la pantalla,