En una mínima fracción de segundo me vi en el lugar de aquellas jovencitas, atravesando ese mismo dolor y miedo que muestran sus ojitos apagados. El corazón lo sentía cada vez más chiquito dentro de mi pecho, sentía que en cualquier momento estallaría en llanto junto a la pequeña niña que se encontraba recostada sobre el pecho de una chica un poco más grande que ella. No voy a dejar de preguntarme cómo es que estas niñas caen en manos de los criminales.
—Perfecto. Nos vamos — di la orden, neces