Tami
—Todavía está vivo — aseguró Tomás, quitándose los guantes de sus manos.
—Que aguante el de este hijo de perra. Estoy por creer que tiene pacto con el diablo — comenté.
—¿Qué vamos a hacerle? Por mi parte, no pienso ensuciar mis manos con la mierda. Déjalo morir, o bien podría encargarme con mi bebé de él — Tao se encogió de hombros, acariciando suavemente la ametralladora que se encuentra colgada en su hombro.
—Dale uno de esos remedios mágicos para despertarlo, Tomi.
Tomás me miró como s