Federico respiró hondo y abrió la puerta.
Entonces miró seriamente a Angelina y preguntó:
—¿Qué acabas de decir?
Ella lo vio y se puso nerviosa de inmediato.
—Federico, tú… escuchaste mal, yo no dije nada.
Pero Federico no se tragó esa mentira. Entonces miró alrededor y notó que su celular seguía encendido, sobre la mesa.
Él se acercó, agarró el celular y vio en la pantalla los mensajes entre ella y yo.
“Camila, perra, ojalá te mueras por allá y no regreses jamás. ¿Lo ves? Esta es la sopa que Fe