Me fui. Y Federico perdió la cabeza.
Mientras cuidaba de Angelina en el hospital, no podía concentrarse.
En su mente se repetía una y otra vez la mirada llena de tristeza que yo le había lanzado la noche anterior.
Esa mirada nunca la había visto antes. De la nada lo invadió una extraña ansiedad, y casi por instinto, sacó el celular para buscarme.
—Federico, quiero una manzana, ¿me la pelas? —La voz de Angelina lo sacó de sus pensamientos.
Él miró el celular, luego a Angelina, y al final lo guard