—¡Señorita, señorita, señorita Valentina!—me despertó la criada Anne. Me sobresalté, sentándome de golpe desde mi posición recostada.
—¿Se encuentra bien, señorita? Estaba llorando y muy inquieta mientras dormía—dijo Anne.
La miré y enseguida me limpié las lágrimas que aún empapaban mis mejillas.
—¿Todo esto fue solo un sueño?—le pregunté, pero Anne parecía confundida.
—Ah… debo preguntarle esto a Felipe—murmuré mientras me levantaba apresuradamente de la cama.
—Señorita, el señor salió muy temprano esta mañana—dijo Anne, deteniéndome en seco.
¿Acaso Felipe había regresado y se había asegurado de que mi madre estuviera bien?
—¿Adónde fue Felipe?—pregunté con urgencia.
—Por supuesto, fue a trabajar—respondió Anne.
Fruncí el ceño; no entendía cómo Felipe podía irse a trabajar cuando mi madre estaba en peligro.
—¿Cómo puede irse a trabajar en una situación como esta?—comencé a entrar en pánico y caminé de un lado a otro, imaginando lo que podría estar sufriendo mi madre en manos de Lucía