—¡Señorita, señorita, señorita Valentina!—me despertó la criada Anne. Me sobresalté, sentándome de golpe desde mi posición recostada.
—¿Se encuentra bien, señorita? Estaba llorando y muy inquieta mientras dormía—dijo Anne.
La miré y enseguida me limpié las lágrimas que aún empapaban mis mejillas.
—¿Todo esto fue solo un sueño?—le pregunté, pero Anne parecía confundida.
—Ah… debo preguntarle esto a Felipe—murmuré mientras me levantaba apresuradamente de la cama.
—Señorita, el señor salió muy tem