El Vesta cortaba las aguas del Atlántico con una ferocidad mecánica que reflejaba el estado de ánimo de sus ocupantes. A medida que Nueva York se convertía en un recuerdo de luces distantes, Aura Valente permanecía en la suite principal del yate, observando cómo el horizonte se tragaba el mundo que una vez creyó dominar. La revelación de que su padre, Silas, había sido el ejecutor directo de la tragedia de la familia de Gabriel no solo había resquebrajado su relación, sino que había reescrito s