El rugido de las turbinas del G700 se sentía como un ronroneo distante bajo los pies de Aura, quien permanecía sentada en el lujoso asiento de cuero, observando cómo las nubes se teñían de un gris acero mientras cruzaban el Atlántico de regreso a Nueva York. En su regazo, el dispositivo de hardware obtenido de Etienne Roche brillaba con una luz led azul intermitente, el latido electrónico de billones de dólares que ahora, finalmente, estaban bajo su control absoluto. Sin embargo, la victoria en