La oscuridad del ático de la Torre Vane se sentía esa noche más densa, cargada de una estática invisible que hacía que el vello de los brazos de Aura se erizara. Julian dormía a su lado, su respiración profunda y rítmica, la imagen misma de la calma después de la tormenta. Sin embargo, para Aura, esa calma era ahora una máscara grotesca. Los documentos que acababa de ver en el drive —esas transferencias de responsabilidad legal que la situaban en la línea de fuego de todos los delitos financier