El amor no es suficiente.
Isabella se quedó pálida al escuchar aquello y tragó saliva, no quería que él sellara esa promesa, forzosamente se levantó, pero al minuto estaba en el mismo lugar, desnuda y expuesta.
—Maximiliano, lo nuestro quedó en el pasado, ¿no entiendes?, déjame ir —. La mirada azul de Maximiliano se clavó en esa verde, y no pudo evitar sentir una profunda lástima al encontrarse con la mirada suplicante de Isabella que se notaba angustiada y asustada.
—No quiero ni debo dejarte ir. Me amas, lo puedo ver,