Detalles que se deben omitir.
El camino a su departamento a Isabella se le hizo largo y tedioso, pero cuando al fin las puertas del ascensor se abrieron resopló expulsando el aire reprimido al mismo tiempo que subía la mirada al techo para controlar las lágrimas que picaban tras sus parpados, puesto que no deseaba que ninguna persona la viera llorar y menos sus nuevos vecinos.
«Contrólate Isabella, bien sabías que Maximiliano nunca te quiso», se ordenaba como si le reprochara a esa mujer en su interior que aún sufre mucho