Celeste.
El silencio era demasiado incómodo.
Podía escuchar mi propia respiración y los latidos de mi corazón galopar dentro de mi pecho. Él simplemente permanecía con los ojos cerrados, esperando el momento con serenidad.
—Kael —Decidí romper el silencio.
—¿Mmh?
—¿De verdad te enfrentaste a un clan entero de vampiros solo?
Necesitaba que habláramos o me volvería loca dialogando con mi mente. Kael no abrió los ojos, se mantuvo calmado y apoyando un antebrazo sobre su rodilla alzada.
—Sí.