Celeste.
—¿Dónde se metió ese tonto? —bufé para mí misma.
Me encontraba buscando a Damián por el pueblo. Llevaba días sin poder hablar tranquilamente con él desde que llegó Serena. Se suponía que éramos amigos y me abandonó por ella.
Arrugué la boca y vi a Sebas, ese hombre canoso que había criado a Damián y con el que no solía interactuar.
—¡Disculpe! —Le toqué el hombro, estaba de espaldas—. ¿De casualidad ha visto a Damián? No lo encuentro y quiero hablar con él.
Sebas me dedicó una son