Capítulo 27: Confesión repentina

Celeste.

Desperté con un dolor de cuello tremendo porque me había quedado dormida en la silla de la enfermería, apoyando la cabeza sobre la camilla de Kael.

Él seguía desmayado desde el día anterior, y me preocupaba que nunca más fuera a despertar. Me quedé toda la noche a su lado por la luna llena, él no merecía sufrir más.

Lo miré con aflicción. Esas largas pestañas lo hacían ver atractivo, y su cabello largo estaba mejor cuidado que el mío. Cuando iba a tomar su mano, me asusté porque abr
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