Celeste.
Me desperté con una jaqueca punzante en cada parte de la cabeza. Cuando iba a moverme, me percaté de que mis manos estaban atadas detrás de mi espalda y sobre el tronco de un árbol.
Lo más loco era que ese árbol se adentraba en el interior de una cabaña descuidada y llena de múltiples objetos tirados por el suelo.
Escuché que tenían una tetera ruidosa y vi a Samanta preparando café en una cocina improvisada que solo tenía una hornilla.
—¿Quieres café? —me preguntó, sin voltear a ve