Celeste.
Nuevo día, nuevo entrenamiento para mí.
Me senté a descansar en un tronco que se había vuelto mi silla favorita, porque ya había corrido el circuito por más de veinte minutos sin parar y en mi forma de loba también.
Bebí un gran sorbo de agua y jadeé.
Kael estaba sentado en una piedra, mirando el río y perdido en sus pensamientos. Desde que un grupo inferior de vampiros atacó a la manada, él empezó a comportarse extraño.
Algo le preocupaba.
—¿Estás bien? ¿Ya me vas a decir qué oc