El sonido de las teclas resonaba en la oficina de Eva mientras intentaba concentrarse en los informes de la fundación. Pero era imposible. Desde que había llegado esa mañana, había sentido miradas extrañas, susurros que se apagaban apenas entraba en una habitación, y empleados que evitaban cruzarse con ella en los pasillos.
La tensión en el ambiente era palpable. Algo estaba mal.
El presentimiento se hizo realidad cuando la asistente de Alejandro entró en su oficina con una expresión sombría y