El restaurante al que Gabriel llevó a Eva era un lugar exclusivo, donde la privacidad estaba garantizada por biombos de madera tallada y luces tenues que otorgaban un aire de intimidad. Eva se sintió incómoda al instante. No por el lujo del sitio, pues había estado en lugares así antes, sino por la sensación de que Gabriel quería algo más de ella. Algo que ella no estaba dispuesta a ofrecer. Gabriel lo notó de inmediato, y una frustración palpable se instaló en su expresión.
Cuando el mesero se