La noche se cernía sobre la mansión de los Barut como un manto de sombras. Eva Montenegro se encontraba en la casa, su corazón latiendo con fuerza mientras el frío helaba el aire a su alrededor. Afuera, la ciudad parecía estar en calma, pero en su interior, la inquietud la mantenía en vilo. Sabía que la situación era precaria, y cualquier ruido podía significar peligro.
Mientras contemplaba el silencio de la habitación, un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltarse. Su instinto fue inmedia