Isadora se levantó temprano, tomó una ducha rápida y salió de su habitación con el cabello aún húmedo. Al abrir la puerta, se encontró de frente con Mateo, que justo salía de la suya.
Por un instante, ambos quedaron detenidos en el pasillo, mirándose con sorpresa. Luego Mateo sonrió con diversión.
—¿Estamos sincronizados? ¿No crees que es el destino? —interrogó, con una ceja alzada.
—Fue casualidad —murmuró.
Isadora recordó el beso que Mateo le dio en la noche. Con todo lo que había pasado