Isadora llegó a su nuevo hogar con la maleta aún en la mano, y el aire distinto del lugar la envolvió de inmediato. Sus ojos recorrieron cada rincón con asombro.
Isadora se detuvo en el centro de la sala, respiró hondo y dejó que la emoción la atravesara.
—Gustavo, ¿por qué no llevas a Karina a su nueva habitación? Yo me encargaré de Mateo e Isadora —sugirió Andrea.
Gustavo hizo una reverencia y agarró la única maleta de Karina.
—Por supuesto, señora.
—¡Nos vemos mañana, Isa! —exclamó K