59. Qué este nada más conmovedora.
—¡Isolde, espera! —gritaba Damián corriendo tras ella.
Pero ella no se detuvo. El dolor de sus recuerdos aún le desgarraba el pecho. Cinco años habían pasado, y todavía dolía darse cuenta de cuánto lo amaba, de lo estúpida que había sido al alejarse. Pero ahora no había tiempo para lamentos. Su instinto de madre gritaba más fuerte que cualquier herida, su hijo estaba cerca, y debía encontrarlo.
El destello plateado revoloteaba, moviéndose con inteligencia, con la intención de hacerse ver para