58. Recuerdos dolorosos.
A medida que avanzaban, el pasaje se volvía más estrecho. Las paredes de roca rugosa parecían cerrarse a su alrededor como las fauces de una bestia, y el aire se volvía cada vez más denso. La humedad colgaba en el ambiente como un sudario, y con cada paso, la sensación de ser observados crecía, como si los propios muros de la cueva tuvieran ojos que los seguían en silencio.
Los susurros se intensificaban. Ya no eran meros ecos del viento, sino palabras incomprensibles, guturales, pronunciadas d